CAPÍTULO 138: La espera del nuevo integrante.
Thomas salió de la oficina corriendo. Bajó las escaleras de dos en dos, tomó el auto, y manejó como un loco hacia la mansión. Las calles se le hicieron eternas. Los semáforos, una condena.
Cuando llegó, Anika estaba en el sofá, con el rostro pálido, las manos apretadas sobre el vientre, los ojos llenos de lágrimas.
—¡Tomy! —gritó, apenas lo vio—. ¡Me duele mucho!
—Ya estoy acá —dijo él, arrodillándose a su lado—. Ya llegó la ambulancia?
—Ya viene —dijo la señora—. Llega en cinco minutos.
—No pu