Walter la agarró del brazo, indicándole que se sentara. Sin embargo, Mariana se sentía incómoda, como si estuviera sentada sobre clavos. Cada vez que Hadya y Fabio la miraban, una extraña sensación la invadía.
No era exactamente molestia, pero no podía describirlo. Simplemente no quería verlos llorar frente a ella.
—Señorita Chávez... —De repente llamó Hadya a Mariana.
Mariana sintió un escalofrío en su interior.
—¿Es por lo que hice antes que no puedes perdonarme? —preguntó Hadya.
Mariana guard