Mariana se lavó la cara y se recogió el cabello. Pronto bajó las escaleras.
En la sala, Walter estaba sentado en la alfombra delante del sofá, jugando un videojuego. En la mesa había un difusor de aromaterapia, muchas frutas y dos bolsas de comida para llevar.
La luz de la mañana entraba a raudales por el gran ventanal, iluminando al hombre.
Mariana se sintió un poco aturdida, como si regresara a muchos años atrás, cuando Walter era un joven.
Su perfil seguía siendo tan atractivo y afilado, igua