Jimena entró en la sala reservada, pero la encontró vacía.
Su guardaespaldas murmuró: —Señorita, ¿este Dios M es de fiar?
Ella lo miró severamente y respondió con confianza: —¡Claro que sí!
A sus ojos, Dios M era la clave para encontrar el loto nevado, así que cualquiera que lo cuestionara se ganaría su ira.
Jimena se sentó en el sofá, sacó su celular con alegría y envió un mensaje a Walter: [No necesitas seguirlo buscando. ¡Ya lo encontré!]
Tras enviarlo, tarareaba una melodía y balanceaba sus