Durante toda la mañana, Mariana absorbió como una esponja diversas experiencias y nuevos conocimientos.
Tal como Milena había dicho, el mundo de los pacientes era realmente variado y sorprendente.
Algunos de ellos lloraban como si hubieran encontrado a su salvador, agarrándose de sus manos y suplicando que los salvaran; otros, en cambio, mostraban una expresión obstinada, con el ceño fruncido, como si desconfiaran de todos.
Sin embargo, los más difíciles de tratar no eran esos pacientes, sino su