Aquel año, Milena acababa de comenzar en la clínica cuando se topó con una pareja similar. Por amabilidad, ayudó a la señora, pero su marido se enteró y se le aferró descarado como chicle.
El hombre no sólo le pedía dinero todos los días, sino que requería que le comprara coche y casa, e incluso que se hiciera cargo de ellos para siempre.
Hasta con toda razón decía: —¿No que eres muy rica? ¡Entonces sigue haciendo el bien!
Desde entonces, Milena evitaba a toda costa a los malintencionados y a lo