Tobías sacudió la cabeza. —No, ya llamé un taxi.
—Detente, hablemos de eso cuando regresemos a Yacuanagua —Tobías le lanzó una mirada a Walter.
El corazón de Walter, que se había hundido, de repente volvió a elevarse. ¿Hablar de qué?
Tobías sabía que Walter iba a pensar demasiado y no pudo evitar reírse.
—No se trata de ti, sino de ustedes.
Walter se puso nervioso, y la sonrisa de Tobías se hizo más amplia.
Ver a Walter tan inquieto y a Mariana como si fuera un tesoro era más valioso que cualqui