Mariana bajó la cabeza, sintiéndose a la vez expectante y nerviosa. En ese momento, realmente comenzó a sentir lo que era estar enamorada, algo muy especial.
El camino lleno de obstáculos pareció reproducirse en su mente como una película, y una extraña sensación la invadió. Era amarga, pero al menos sabía que después de lo amargo vendría lo dulce. Sin embargo, las heridas que había sufrido, Mariana las llevaría grabadas de por vida.
El tiempo pasaba lentamente, y Mariana, con disimulo, abrió lo