En un instante, los dos se pusieron muy nerviosos.
Tobías, sin prisa, tomó la taza que estaba sobre la mesa y dio un sorbo de agua.
Walter apretó un poco más la taza con la mano, frunciendo el ceño mientras miraba a Tobías, sintiendo una ansiedad indescriptible. Mariana no pudo evitar echarle un vistazo a Walter, sintiéndose igualmente inquieta.
—Walter —suspiró Tobías, llamando su nombre.
Walter asintió de inmediato. —Sí, señor Chávez, estoy aquí, hable.
La expresión de Tobías era seria, reflej