—Voy a buscarte la medicina, espera un momento —Mariana se dirigió al buró de la cama para buscar la medicina.
Pero él la detuvo, agarrándola del brazo. Su mano estaba empapada de sudor y, al tocarla, se sentía tan caliente que parecía que iba a quemarla.
Mariana bajó la vista hacia él. Walter la miraba, temiendo que si soltaba su mano, ella desapareciera. Pero sabía que, si Mariana quería irse, no podría detenerla.
—Mariana, ¿de verdad tienes que abandonarme?
Él volvió a preguntar, como si nece