Mariana apretó el pomo de la puerta y miró a Walter.
Él estaba parado junto al cenicero, con las manos colgando a los lados, pareciendo desconcertado. La expresión de su rostro era casi trágica. Aunque la distancia entre ellos no era grande, cuando él la miraba, parecía haber un abismo entre ellos, que él no podía cruzar.
Walter tragó saliva, lamió sus labios y respiró profundamente, moviendo ligeramente su cuerpo. Su estómago estaba realmente incómodo, como si estuviera a punto de vomitar. Pero