Mariana miró la invitación en la mano de él, frunciendo ligeramente el ceño.
—¿Puedo rechazarlo?
—Es tu libertad.
El intercambio de palabras fue muy conciso.
Mariana lo miró fijamente por un momento y luego extendió su mano para tomarla.
—Prepararé el vestido para ti; solo necesitas llegar puntualmente el día indicado. Además, iré a buscarte. Prepárate en casa y ya está —Walter sonrió.
Mariana asintió y no dijo nada más.
Al salir del edificio del Grupo Guzmán, el exterior aún estaba bullicioso.