Cuando Walter regresó, ya no tenía la mano vendada.
—En realidad, mi mano no tiene nada grave, solo está un poco hinchada y duele. El doctor me recomendó que tuviera cuidado y no hiciera esfuerzos —confesó.
Mariana lo miró de reojo, al menos era honesto. Se dio cuenta de que no llevaba la venda cuando volvió.
—Entonces, bebe un poco menos. ¡Hoy es un día para celebrar! —Tobías chocó su copa con la de Walter con amabilidad.
Había preparado muchos platillos, una mesa llena de deliciosos aromas. Ma