—¿Conoce a María, director? —preguntó Walter con curiosidad.
Liberto sonrió, —Por supuesto que no la conozco, pero he oído que es muy competente. Sin duda, encontrarla sería de gran ayuda para la salud de la anciana.
Walter frunció el ceño y volvió a preguntar: —¿Tu asistente es María? —refiriéndose a la persona que había salido de la sala de emergencias.
Liberto apretó un poco la mano que sostenía la taza, pero no fue percibido.
—No es ella.
—Director Liberto, si usted conoce a María, ¿podría p