Mariana llegó a casa y, sin pensarlo, dejó caer su bolso y las zapatillas a un lado antes de lanzarse sobre la cama. Respiró hondo y luego se dio la vuelta.
Mirando al techo, no pudo evitar frotarse la cara.
El invierno había llegado, y el frío era cada vez más intenso.
Pasadas las diez, la nieve seguía cayendo afuera. Mariana salió de un baño caliente y, tras aplicarse sus productos de cuidado facial, se dio cuenta de que no tenía sueño.
De repente, se le ocurrió algo. Se dirigió a la oficina y