El hombre miraba fijamente a sus ojos, con una mezcle de emociones. Su mirada se desvió, dejando solo el silencio.
No entendía qué era el amor.
Menos aún sabía lo que significaban la deuda o el sacrificio.
Era un dios en su pedestal; ¿cómo podría pensar que herirla de esa manera era su culpa?
Sus repetidas disculpas, sus "lo siento", eran solo parte de un protocolo que seguía sin más.
—Has tratado tu matrimonio como si fuera una empresa que manejar. Exiges todo con rigor, pero no comprendes que