No era de extrañar que anteayer Walter despertara, pero luego de repente le dio una fiebre alta y cayó en un coma. Resultó que había estado bajo la lluvia buscando a Mariana.
Eduardo miró hacia la habitación de Jimena y suspiró.
—Jimena —golpeó la puerta con voz pesada—. Sé que te gusta Walter, pero si él no es para ti, aunque lo atesores a tu lado, no serás feliz...
El silencio se instaló por ambos lados.
La expresión de Eduardo era compleja. —Lo que quiero decir es...
Es que deberías dejar de