En la cubierta, el viento soplaba con fuerza.
Mariana expulsó varias bocanadas de agua de mar y, al abrir los ojos, se encontró con rostros desconocidos que la miraban, algunos con curiosidad y otros con preocupación.
Mariana giró ligeramente la cabeza y vio a Vicente, con el ceño fruncido, arrodillado en el suelo, con el cabello escurriendo agua.
Más allá, estaba Yahir.
Él, nervioso y emocionado, exclamó: —¡Jefa!
—Jefa, ¿está bien?
Vicente, al oír esto, levantó la vista.
Mariana tosió y, de for