—Mamá. ¿Pero no está bien? —Mariana no quería seguir hablando de eso.
Catalina abrazó a Mariana y no dejaba de llorar.
En ese momento, alguien llamó a la puerta desde afuera.
—Mari... —se escuchó la voz de una mujer.
Esta voz...
Catalina soltó a Mariana, y ambas levantaron la mirada. Eran Agustín y Abril.
—¿Qué hacen aquí? —Catalina tenía un gesto evidente de rechazo en su rostro. Limpió disimuladamente las lágrimas y se hizo a un lado.
Mariana le tocó levemente la ropa a Catalina.
Abril notó qu