—¿Acaso me evitas? Vamos a charlar un poco —dijo Vicente con un mohín.
—¿De qué quieres hablar? —respondió Mariana con indiferencia, dispuesta a tomar una vez más su copa.
Vicente le interceptó el paso y le quitó la copa de la mano.
—Señorito Sandoval, usted no puede beber —le recordó Mariana.
Aún tenía las heridas sin sanar.
—Pero ¡qué aburrido sería! —se quejó Vicente, con un gesto de disgusto.
Venir a este tipo de lugares era para beber.
Mariana le acercó una bebida sin alcohol. —Pruebe esto.