Terminamos de almorzar y regresamos a casa. Los planes seguían en marcha, solo que en un escenario diferente. Unas horas más tarde, disfrutábamos del sol en la alberca y Fernanda jugaba libre en el patio con una de las empleadas. Con buena música, unas bebidas heladas y el agua fresca de la piscina, parecíamos estar en un paraíso, hasta que el demonio apareció; Milena. Esa mujer tiene un radar para encontrarme o simplemente fue mi madre quien le dijo que estaría en casa solo.
—Hola, Darling— se