—Buen día, joven Esteban, ¿Le ofrezco algo de beber? — interroga María, la empleada de la casa, apareciendo de repente causándome un susto.
—Buen día— respondo sobresaltado—No, estoy bien así.
—¿Lo asusté?
—Un poquito nomás.
—Lo siento, no quise…
—No te disculpes, no pasa nada. Estaba perdido en esta fotografía.
—En los noticieros desde temprano no se habla de otra cosa— La miro un segundo perdido— De la chica— señala — no dejan de hablar de la chica y de su hermano. Disculpe que me entrometa,