RAFAELE
De pie sobre Colina mientras duerme, no puedo evitar mirarla fijamente. Es demasiado hermosa. Su cabello plateado está esparcido sobre la almohada de Matteo, un brazo debajo y otro encima, la espalda descubierta, expuesta por cómo debió haber echado las sábanas hacia abajo durante la noche. No puedo contenerme: tiro de ellas hasta dejar ver su trasero terso y sus muslos largos y definidos, y sonrío al ver las marcas que están sanando, recuerdo de Dimitri. Casi le parto la cara a éste cu