COLINA
—¿Cariño? —me animo y levanto la vista de los contratos y solicitudes de trabajo para los nuevos bares que tengo a mi cargo para ver a Matteo. Está arreglado con una camisa de seda morada, el pelo hacia atrás, la chaqueta negra desabrochada y los dados rodando por sus nudillos. Sus labios se curvan en una sonrisa mientras se inclina más cerca. —¿Quieres dar una vuelta?
—Siempre. —Sonrío, salto por encima del sofá y le doy un beso en los labios. —Déjame coger unos zapatos, ¿algún código d