El maldito cierre del vestido está atascado. Mierda. Voy a llegar tarde. Me contoneo lo mejor que puedo, tratando de unir el material brillante, color rojo sangre del vestido por la espalda, esperando aliviar la tensión y aflojar el obstinado metal.
No sirve de nada.
Corro desde la caja de zapatos que es mi apartamento hasta la unidad de mi vecina Tabby. Tres toques secos de mi parte —nuestra clave— y la puerta se abre de golpe. Me mira abiertamente por detrás de las gruesas monturas de sus gaf