Cuando llevaron a Carmina al dormitorio, sostenía un cofre de madera entre los brazos. Al ver a Rebeca en el diván, le fallaron las piernas y cayó de rodillas.
—Señora…
Bruno levantó los ojos enrojecidos.
—¿Qué es eso?
Carmina apretó el cofre contra el pecho.
—Son las cosas que la señora me pidió llevar a casa de su familia.
Al abrirlo aparecieron las joyas que él le había regalado a Rebeca a lo largo de los años. Todas estaban perfectamente limpias. Junto a ellas había un cuaderno de cuentas do