Capítulo 5
Cuando Bruno llegó a los establos, Rebeca seguía apoyada en Nevado. Una fina capa de nieve la cubría. Tenía el rostro sereno, como si se hubiera cansado de correr y solo descansara un rato junto al caballo.

—Rebeca.

Se acercó y le tocó la cara, pero retiró la mano de golpe al sentir su piel helada. Un momento después se inclinó y la tomó en brazos.

—Llamen al médico imperial.

El guardia seguía de rodillas en la nieve, sin atreverse a levantar la cabeza.

—Alteza, el médico ya la examinó. La señor
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