Capítulo 22.
El vestido negro de Harper que ahora lo usaba sin abrigo seguía su rígido gusto por la elegancia femenina, sus guantes de cuero, un poco más gruesos, mantenían esa refinada imagen al sentarse en la mesa del restaurante, en donde se reuniría con el próximo comprador, al haber arreglado la cita en esa ciudad.
Llamó al mesero, le entregó un papel, pidiendo que estuviera pendiente de su mesa por cualquier eventualidad. El mesero afirmó que lo haría, dejándola sola para ir por su café.
La noticia