Capítulo 121.
Mateo escuchaba su respiración reverberando en su pecho, el sonido pesado lo hacía localizable a él, pero las aspas del helicóptero en el fondo, era el único que mostraba la mínima cantidad de luz saliendo de la cabina. No tenía otra manera de dirigirse.
No sabía dónde pisar, porque no conocía el edificio y había tantos escalones que era imposible no tropezar. Eso sería lo último que necesitaba. Estar a ciegas en un lugar desconocido. Con amenazas rodeándolo.
—Sal de ahí— volvió a repetir Vlad