La puerta del consultorio se cerró detrás de Sabrina, y por unos segundos se permitió sonreír sola en el pasillo, porque al fin había visto el maravilloso consultorio donde su hermano mayor trabajaba, lo mejor de todo, es que le había contado lo de la entrevista, y por primera vez en mucho tiempo, Sabrina había sentido algo muy parecido al orgullo propio, pero pronto miró el reloj, y la realidad cayó sobre ella, siempre tan puntual, porque de pronto recordó lo que su madre le había pedido.
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