Se levantó de la mesa sin terminar la cena, solo caminó hacia el ventanal del salón, desde donde se veía la ciudad extendida como un océano de luces, podía ver también, si inclinaba la cabeza, parte de la terraza del piso inferior, el pent‑house de Hikara, su hermano nunca llegaba a esa hora, o, si lo hacía, no estaba solo.
Haruki apoyó una mano en el vidrio frío, había vivido toda su vida cumpliendo lo que se esperaba de él, el hijo mayor, por minutos, pero mayor al fin, era el estratega, la c