El ascensor se detuvo con un leve zumbido y las puertas se abrieron directamente al interior del pent‑house de Haruki, el silencio lo recibió, al tiempo que veía a su alrededor, todo estaba impecable, el orden era absoluto, como siempre.
Cruzó el umbral sin apresurarse, mientras que, a cada paso, las luces se encendían suavemente, siguiendo su recorrido como un séquito invisible, no había necesidad de órdenes de voz, porque el sistema detectaba el movimiento, su hogar entero estaba entrenada pa