Me di la vuelta para irme, pero él me agarró del brazo. Sus ojos estaban llenos de tanta rabia.
—¡No te atrevas a dejarme plantado mientras aún te estoy hablando! —gruñó Killian, y al instante siguiente me empujó con fuerza contra la pared de la oficina. Su cuerpo se estrelló contra el mío como si se hubiera estado conteniendo durante demasiado tiempo.
Sus ojos eran negros como la noche. Sin alma. Como si ya no quedara nada humano en él. Solo posesión. Obsesión. Ganas.
—Y no vuelvas a mencion