POV DE LIANA
No supe cuándo empezaron las lágrimas. Pero una vez que lo hicieron, no se detuvieron. Era como si mi cuerpo se hubiera rendido en su intento de contenerlo todo.
Killian respiraba pesadamente. No hablaba. Solo se quedaba allí de pie con esa mirada extraña en sus ojos. Una mezcla de ira, arrepentimiento y culpa. Pero a mí ya no me importaba.
Se pasó una mano por el cabello, desbordando frustración.
—Liana... —susurró, dando un paso más cerca—. Lo siento.
No lo miré. No podía. Es