Los muelles eran el lugar adonde enviábamos a los hombres que queríamos olvidar. Allí el trabajo era sucio y agotador, y apestaba a podredumbre y muerte. Era una sentencia de muerte para su vida social, su ego y su futuro.
—Jefe, por favor... ¿los muelles? No puedo...
—Harás exactamente lo que te ordene —declaré—. O puedo arrastrarte de vuelta a los terrenos de caza y dejarte allí para que te coman los perros. En los muelles permanecerás en la oscuridad, que es donde perteneces. Si escucho siq