Muy cabreada al ver que el interrogatorio no tiene ningún sentido para ella, la subinspectora irrumpe en la sala sin llamar a la puerta, y dando una orden, dice:
—Agente Roland, quite las esposas a este hombre.
Viendo las intenciones y la cara de cabreo que tiene la subinspectora, Roland se pone en pie y acercándose a ella, responde:
—No, no puede hacer eso, no puede parar un interrogatorio así.
—Sí que puedo. Además es una orden —añade ella subiendo el tono de su voz.
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