Capítulo 84
El anfiteatro romano de Arlés se alzaba bajo la luna como una corona de piedra herida por el tiempo, pero esa noche, sus gradas no albergaban gladiadores ni fieras, sino a la nueva aristocracia de la sangre. Cientos de resuenes, vestidos con una mezcla de harapos tácticos y sedas recuperadas, llenaban la arena, creando un murmullo eléctrico que hacía vibrar el aire frío de la Provenza. En el centro, una tarima de madera oscura esperaba a los protagonistas de la Era de la Resonancia.