Capítulo 80
La mañana en la villa provenzal nació con una calma engañosa. El sol se filtraba a través de las cortinas de lino, dibujando patrones de luz sobre la piel desnuda de Isolde. Alaric la observaba dormir, con la mandíbula apoyada en una mano y el brazo rodeando su cintura con una firmeza que no se relajaba ni en el sueño. Para él, la paz era un concepto extraño, algo que solo encontraba en el rastro del perfume de su esposa o en la cadencia de su respiración.
Sin embargo, el romance de