Capítulo 28: La Sed del Espejo
El silencio en Shamballa-Azu tras el enfrentamiento con Némesis no era de paz, sino de una expectativa eléctrica. Alaric permanecía en el balcón de la estancia arbórea, con el torso vendado por las sedas medicinales de las Anclas Olvidadas. Sus ojos grises no se apartaban de la espesura esmeralda que rugía bajo ellos. Sabía que los monstruos del Consejo no morían por un golpe de daga; simplemente mutaban.
Dentro, a la luz de las lámparas de savia fosforescente, Is