El sótano debajo de la tienda de antigüedades del Dr. Aris era un espacio detenido en el tiempo, saturado de una atmósfera que oscilaba entre lo sagrado y lo clandestino. El aire era denso, cargado con el olor de los pergaminos antiguos, el aceite de cedro y un rastro metálico de equipos quirúrgicos esterilizados. Pero sobre todo ese aroma a historia, predominaba el calor que emanaba de los cuerpos de Alaric e Isolde, una vibración eléctrica que parecía consumir el poco oxígeno del lugar. Había