Dentro de la caja había seis grandes durianes, todos ya abiertos y llenando la sala con su fuerte y peculiar aroma.
—¡Dios mío! ¿Quién en su sano juicio te envía eso?
Regina de inmediato tomó uno de ellos, lo acercó a su nariz y, después de olerlo su agradable aroma, dijo con aprobación:
—Este durián, ¡tiene buen olor!
Luego, Regina miró al repartidor y le preguntó muy curiosa:
—¿Quién lo envió?
El repartidor respondió:
—Fue un caballero quien me encargó entregárselos.
—¿Un caballero?
Regina