Chirrido.
Marina escuchó el suave sonido de la puerta abriéndose, y un rayo de luz tenue iluminó la habitación al instante.
—Marina.
La voz de Sergio era muy grave.
Marina fingió en ese momento no haber oído nada.
Sergio elevó un poco el tono:
—¡Marina!
Ella ya con rabia no se despabiló.
—Es de noche, ¿por qué me despiertas?
—¡Levántate!
Sergio sonaba furioso.
Marina, irritada, se levantó de un solo salto. Mirando a Sergio que estaba en la puerta, le preguntó algo desconcertada:
—¡Sergio, ¿