En su vida pasada, y después de casarse con Sergio, Marina creía en todo lo que decía la abuela: para conquistar el corazón de un hombre, primero debes conquistar su estómago. Así que la joven mimada, que nunca había hecho tareas domésticas, comenzó poco a poco a meterse en las tareas de la cocina. Pero al final, Sergio nunca probó sus platos.
Todo se debía a que Sergio amaba más a Sofía que a ella.
Cuando el desayuno estuvo listo, Sergio notó en ese momento que no había nnada para él y frunció