—¿Crees que no me divorcio solo por la cooperación con los Sánchez?
Sergio se acercaba cada vez más. Marina levantó la cabeza y lo miró con firmeza:
—¿No es así?
—¡Por supuesto que no!
Sergio la sujetó firmemente por los hombros, con los ojos ya enrojecidos de la furia:
—Escúchame bien, ¡no acepto el divorcio! No vas a dejar por ningún motivo a la familia Blanco.
—¡Suéltame!
Marina lo apartó furiosa y le dijo con frialdad:
—Sergio, no me digas que no quieres divorciarte porque me quieres.
—Yo