—¡Sergio! ¡Tú!
—No quiero volver a escuchar la palabra ˝divorcio˝. Mientras yo no lo permita, siempre serás mi esposa.
—Sergio, dímelo ¿con qué derecho...?
—Solo porque soy Sergio Blanco. Esta ciudad costera está bajo mi absoluto control. Si no estoy de acuerdo, no pienses en divorciarte.
—¡Tú…!
Antes de que Marina pudiera decir algo más, Sergio arrojó los papeles a la basura y subió furioso. Marina lo observó irse, enojada. ¿Qué demonios está pensando? ¿Por qué no quiere divorciarse?
En la vid