En cuanto Lemus terminó de hablar, Marina le dio una bofetada, dejándole media cara roja de inmediato.
Lemus se quedó asombrado por unos segundos, luego miró a Marina con incredulidad:
—¿Te atreves a golpearme?
—Te lo advertí. Si vuelves a decir una palabra más, no me culpes por darte una lección.
Marina lo miró con frialdad. La ira de Lemus se encendió de inmediato:
—¡Marina! ¡Tu p** madre!
Antes de que Lemus pudiera terminar su frase, Marina le dio otra bofetada, esta vez con toda la fuerza.