La tensión no se disolvió con las palabras de Ciel. El silencio que quedó fue más cruel que cualquier rugido. Ian y Jordan la miraban como si ambos hubieran perdido una batalla invisible.
Ciel, temblando, cerró la puerta con fuerza. Afuera, la tormenta seguía golpeando, como si el cielo quisiera romper la tierra en dos. Dentro de la casa, el aire estaba cargado, cada respiración era un cuchillo.
Ian fue el primero en hablar.
—No debiste dejarlo entrar. Él no entiende límites.
Ciel lo miró, con