Ciel respiraba con dificultad, sus párpados temblando mientras trataba de mantenerse consciente. Su cuerpo estaba helado, pero su aura ardía como un sol dividido en dos. Ian sostenía su mano derecha con desesperación, mientras Jordan le cubría el costado izquierdo con el brazo firme, como si temiera que alguien se la arrebatara en cualquier segundo.
—No… no la toques tanto —gruñó Ian, su voz cargada de veneno, mirando a Jordan.
—¿Y qué vas a hacer si la suelto? ¿Dejarla morir en tus brazos? —re