El campo hecho pedazos
El choque fue brutal. La tierra se abrió en grietas incandescentes, los árboles ardieron como antorchas y los muros derruidos terminaron de caer, convertidos en polvo. El campo ya no parecía un campo: era un cráter de guerra, un altar en el que el destino mismo estaba siendo escrito.
Los tres líderes avanzaban como bestias ancestrales. Y en medio de ellos, Ciel flotaba apenas unos centímetros sobre el suelo, sus ojos divididos entre la claridad celeste y el abismo platead