La fortaleza Vorlak estaba tranquila, pero incluso en la calma, el aire parecía llevar un mensaje silencioso. Mientras los portadores entrenaban, Ciel subió a la torre más alta, observando el horizonte donde el sol comenzaba a ocultarse tras las montañas. La marca del eclipse brillaba suavemente en su brazo, recordándole que el poder que había dominado era solo una parte de un misterio mucho más grande.
—Algo se acerca —susurró Ciel, con el ceño fruncido—. Puedo sentirlo. No es el Guardián del